Hace 17 años cuando emigre, nunca imagine que USA sería el punto de encuentro para mi familia. El punto de encuentro donde viviríamos tratando de emular la vida que tuvimos en Venezuela, o más bien lo poco que queda de ella.

Después de tantos años separados, hoy en día volvimos a ser un núcleo familiar en Boca Raton, Fl. Les menciono Boca porque es mi referencia, pero la verdad es que a efectos de Uds. queridos lectores, da lo mismo que sea Madrid, Miami, Panamá, Bulgaria o Budapest, la sensación es la misma.

En aquellas épocas lejanas (pero no ausentes), era considerado extraño cuando algún familiar un tanto loco y futurista decidía emigrar para así formar una vida en otro país… curioso como los tiempos han cambiado ¿no?, hoy el loco es el que se queda.

Los latinos vivimos tipo manadas: los domingos casa de la abuela donde reúnen los tíos junto con los primos y allegados cercanos, mantienes los mismos amigos desde el pre-kínder hasta…siempre, vives con tus padres hasta que te casas, y la familia entera sabe los pormenores de tu vida… aunque no entiendes como porque se lo dijiste en grado 33 a tu mejor amigo.

Sin embargo, mis papas fueron unos de aquellos futuristas que poco a poco y por distintas razones decidieron cambiar la familiaridad para que mis hermanos y yo tuviésemos un futuro mejor. Fue así como cada uno partió hacia distintos destinos, formando familias, imitando culturas, abriendo negocios, encontrando nuevas amistades, pasando mucho trabajo y sobre todo aprendiendo a vivir en completa soledad.

La vida en familia que tenemos hoy en día no se nos ha dado fácil. Hemos tenido que volver a ajustar nuestros tiempos, estados de ánimo, salidas, entradas, tonos de voz, y sobre todo ha habido mucho compromiso de cada uno de nosotros, en reparar una relación resquebrajada por la distancia y el tiempo.

Y me preguntas: ¿lo volverías a hacer de nuevo? Si con mi misma familia y de la misma manera, porque de todo vamos aprendiendo.