Nunca les ha pasado, que les llega un olor de súbito y así como que de repente les trae un recuerdo lejano. Yo, por ejemplo, funciono con olores… cada olor genera algo en mi memoria que me transporta automáticamente a un lugar donde me pierdo en recuerdos y de donde si son gratos, me cuesta volver.

No sé, así siempre ha sido mi vida, llena de olores que asocio con memorias, con sitios y recuerdos que me transportan a lugares mágicos o, si son olores muy intensos ahora de vieja me ha dado por vomitar o por alborotárseme  tanto la migraña que me cuesta respirar.

Por ejemplo, cuando recién llegue a este país nada más pisar el aeropuerto todo me olía a nuevo: así como que a mall, a zapatos recién sacados de la caja…como de esos que tienes guardados para una ocasión especial la cual no quieres que llegue para que no sé gasten. ¡Así!

Recuerdo con nostalgia, muchos años después de haberme mudado a los USA cada vez que regresaba a Venezuela apenas pisar el aeropuerto me llegaba una ráfaga de olor a fritanga con la que no podía…que hediondez pensaba yo, ¿cómo es posible que mi país huela a empanada frita, mezclada con tequeño y Nestea hasta en el aeropuerto, será posible que no logremos ser más civilizados que esto?

Caracas por otro lado, me olía a montaña, a lluvia, a comida casera y por supuesto… a empanada. Desde niña, asocio mi vida con olores. El olor a leña me transporta a mis viajes en familia a Colorado y los mejores recuerdos, el café por la mañana es como el olor a grama fresca… son recuerdos de infancia y paz, el salitre me recuerda a mis primos y los veranos en Caraballeda o quién sabe si la Isla de Margarita (ya ni se)…y así, miles de memorias que de vez en cuando hacen pop up en mi mente por instantes que parecen horas.

Lo que nunca me imaginé es que ese olor de empanada de litoral, mezclada con olor a mar, se hallara engranado en mis recuerdos para hacer una súbita aparición cuando menos me lo esperaba.

Hace unos meses se me dio por entrar en una panadería, raro en mi que siempre voy corta de tiempo, y así como que de repente me llego aquel olor de mis recuerdos… aquella ráfaga tan extrañada de fritanga.

Y mientras pedía dos de queso y una de carne, se me aguaban los ojos pensando: Mi país, huele a empanada…y nada mas rico que una fritanga.

olor a empanada via www.bilingualandlovingit.com